No es lo mismo doparse que drogarse

Aunque parezca increíble, nos han comentado varios cicloturistas que les han llamado “drogadictos” desde la ventanilla de un coche cuando iban tan tranquilos por la carretera disfrutando de su deporte favorito. Si eso le ha ocurrido a quien va con su barriguita tan feliz y para nada parece el ganador de un Tour, qué no les habrán dicho a los que sí se ganan la vida con esto.

Los profesionales no sólo tienen que sufrir insultos, sino también dudas acerca de sus victorias y el menosprecio continuo por parte de algunos aficionados a otros deportes que por el simple hecho de manejar mucho más dinero se libran de tanto control antidopaje. Con este artículo vamos a intentar aclarar conceptos a muchos aficionados al ciclismo, que, por los comentarios de compañeros y amigos y lo que hemos leído en algún foro, parece que tienen un poco difusos. Vamos a diferenciar entre drogarse y doparse.

LAS DEFINICIONES
Para llegar a la conclusión de que ambas cosas significan lo mismo, hay quien acude a la RAE y busca su significado:
– Dopar: administrar fármacos o sustancias estimulantes para potenciar artificialmente el rendimiento del organismo con fines competitivos.
– Drogar: administrar una droga, estimulante, deprimente, narcótico o alucinógeno, por lo común con fines ilícitos.
Y a continuación busca un término más:
– Droga: sustancia o preparado medicamentoso de efecto estimulante, deprimente, narcótico o alucinógeno.

A partir de estas premisas, se puede deducir que:
a) Una sustancia estimulante es una droga, por lo tanto doparse y drogarse consisten en administrase lo mismo.
b) Si el dopaje está prohibido, el fin de doparse es también ilícito.
c) Por lo tanto, doparse y drogarse es lo mismo. De todas formas, estas definiciones no son muy precisas, porque:

1. El dopaje no se produce siempre con sustancias estimulantes: recordemos que en ciclismo un control antidopaje no necesariamente detecta una sustancia, sino valores altos en determinados parámetros y que dan positivo las autotransfusiones, que son tu propia sangre.
2. El fin de drogarse no es delinquir, sino un efecto colateral. Qué es lo que persigue una persona tomando droga es algo mucho más complejo. Y además hay quien se droga con sustancias no ilícitas (alcohol, café, ansiolíticos, antidepresivos…) El Consejo General de Farmacéuticos aporta una definición mucho más ajustada de lo que es dopaje: “el término ‘dopaje’ se refiere a toda medida que pretende modificar, de un modo no fisiológico, la capacidad de rendimiento mental o físico de un deportista, así como eliminar, sin justificación médica, una enfermedad o lesión, con la finalidad de poder participar en una competición deportiva.” Como se puede apreciar, entran en juego muchas más cosas:

a) El fin de doparse se matiza: no se trata de ganar, como se pudiera sobrentender del “fines competitivos” de la RAE, sino de poder participar en una competición deportiva.
b) No es sólo potenciar el rendimiento, sino también eliminar una enfermedad o lesión.
c) La cabeza también cuenta: rendimiento mental. La imagen que se tiene de un deportista que toma o hace lo que sea para aumentar su rendimiento es la de un desaprensivo al que no le importa jugar sucio con tal de ganar, aún a riesgo de poner en peligro su salud. Pero en muchas ocasiones no es así, ya que puede que lo haga por mantener su nivel y seguir procurándose el jornal con su deporte, aunque no haya triunfos. En ciclismo, los gregarios trabajan para los demás y también sufren un tremendo desgaste. Por otro lado, la mente puede jugar malas pasadas, y mientras que a quien trabaja en una oficina no le van a poner ninguna pega por tomar un ansiolítico o un antidepresivo, a un ciclista le puede costar su empleo.
Evidentemente, las definiciones de la RAE quedarían excesivamente extensas si añadieran los aspectos psicológicos, pero estos son muy importantes a la hora de establecer las diferencias entre doparse y drogarse. Para empezar, el motivo por el cual uno se droga o se dopa.

LOS MOTIVOS
Quien se dopa lo hace para aumentar o mantener su rendimiento deportivo, para seguir estando en la “pomada” (por supuesto, algunos también para ganar) y poder continuar su actividad, profesional o no, en determinado nivel deportivo. Quien se droga lo hace por muy diversos motivos, hay tantas causas como adictos, pero suele existir un denominador común: lo que en psicología se denomina baja tolerancia a la frustración (BTF). Las personas con BTF suelen presentar excesiva sensibilidad y un nivel alto de ansiedad, que produce deficiencias a la hora de afrontar los problemas y falta de resistencia para soportar el sufrimiento y el fracaso. Es por esto que muchos buscan la droga para evadirse, escapar.

Un deportista, y más aún un ciclista, puede sufrir de BTF como cualquier otra persona, pero es menos probable, y explico por qué. Cuando practicas un deporte, especialmente a nivel competitivo, te acostumbras a luchar y a soportar las derrotas, que, como suele decirse, “te hacen más fuerte”. En el caso de un ciclista, la tolerancia a la frustración está superada en la mayoría de los casos porque muchos de los que triunfan siendo juveniles o amateur cuando llegan a profesionales se convierten en gregarios y asumen que van a ganar pocas o ninguna carrera. Soportan perfectamente este tipo de frustración.

No obstante, como en toda regla, hay excepciones, y para ello tenemos los tristes ejemplos del Chaba y Pantani. En estos casos, las drogas que les mataron no eran para mejorar el rendimiento, sino por su historia personal. Se estaban drogando, y eso fue lo que acabó con su vida, al margen de si se dopaban o no. Y si lo hacían, no fueron las sustancias dopantes las que les llevaron a consumir cosas más fuertes, sino sus circunstancias personales.

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