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No es lo mismo doparse que drogarse

Aunque parezca increíble, nos han comentado varios cicloturistas que les han llamado “drogadictos” desde la ventanilla de un coche cuando iban tan tranquilos por la carretera disfrutando de su deporte favorito. Si eso le ha ocurrido a quien va con su barriguita tan feliz y para nada parece el ganador de un Tour, qué no les habrán dicho a los que sí se ganan la vida con esto.

Los profesionales no sólo tienen que sufrir insultos, sino también dudas acerca de sus victorias y el menosprecio continuo por parte de algunos aficionados a otros deportes que por el simple hecho de manejar mucho más dinero se libran de tanto control antidopaje. Con este artículo vamos a intentar aclarar conceptos a muchos aficionados al ciclismo, que, por los comentarios de compañeros y amigos y lo que hemos leído en algún foro, parece que tienen un poco difusos. Vamos a diferenciar entre drogarse y doparse.

LAS DEFINICIONES
Para llegar a la conclusión de que ambas cosas significan lo mismo, hay quien acude a la RAE y busca su significado:
– Dopar: administrar fármacos o sustancias estimulantes para potenciar artificialmente el rendimiento del organismo con fines competitivos.
– Drogar: administrar una droga, estimulante, deprimente, narcótico o alucinógeno, por lo común con fines ilícitos.
Y a continuación busca un término más:
– Droga: sustancia o preparado medicamentoso de efecto estimulante, deprimente, narcótico o alucinógeno.

A partir de estas premisas, se puede deducir que:
a) Una sustancia estimulante es una droga, por lo tanto doparse y drogarse consisten en administrase lo mismo.
b) Si el dopaje está prohibido, el fin de doparse es también ilícito.
c) Por lo tanto, doparse y drogarse es lo mismo. De todas formas, estas definiciones no son muy precisas, porque:

1. El dopaje no se produce siempre con sustancias estimulantes: recordemos que en ciclismo un control antidopaje no necesariamente detecta una sustancia, sino valores altos en determinados parámetros y que dan positivo las autotransfusiones, que son tu propia sangre.
2. El fin de drogarse no es delinquir, sino un efecto colateral. Qué es lo que persigue una persona tomando droga es algo mucho más complejo. Y además hay quien se droga con sustancias no ilícitas (alcohol, café, ansiolíticos, antidepresivos…) El Consejo General de Farmacéuticos aporta una definición mucho más ajustada de lo que es dopaje: “el término ‘dopaje’ se refiere a toda medida que pretende modificar, de un modo no fisiológico, la capacidad de rendimiento mental o físico de un deportista, así como eliminar, sin justificación médica, una enfermedad o lesión, con la finalidad de poder participar en una competición deportiva.” Como se puede apreciar, entran en juego muchas más cosas:

a) El fin de doparse se matiza: no se trata de ganar, como se pudiera sobrentender del “fines competitivos” de la RAE, sino de poder participar en una competición deportiva.
b) No es sólo potenciar el rendimiento, sino también eliminar una enfermedad o lesión.
c) La cabeza también cuenta: rendimiento mental. La imagen que se tiene de un deportista que toma o hace lo que sea para aumentar su rendimiento es la de un desaprensivo al que no le importa jugar sucio con tal de ganar, aún a riesgo de poner en peligro su salud. Pero en muchas ocasiones no es así, ya que puede que lo haga por mantener su nivel y seguir procurándose el jornal con su deporte, aunque no haya triunfos. En ciclismo, los gregarios trabajan para los demás y también sufren un tremendo desgaste. Por otro lado, la mente puede jugar malas pasadas, y mientras que a quien trabaja en una oficina no le van a poner ninguna pega por tomar un ansiolítico o un antidepresivo, a un ciclista le puede costar su empleo.
Evidentemente, las definiciones de la RAE quedarían excesivamente extensas si añadieran los aspectos psicológicos, pero estos son muy importantes a la hora de establecer las diferencias entre doparse y drogarse. Para empezar, el motivo por el cual uno se droga o se dopa.

LOS MOTIVOS
Quien se dopa lo hace para aumentar o mantener su rendimiento deportivo, para seguir estando en la “pomada” (por supuesto, algunos también para ganar) y poder continuar su actividad, profesional o no, en determinado nivel deportivo. Quien se droga lo hace por muy diversos motivos, hay tantas causas como adictos, pero suele existir un denominador común: lo que en psicología se denomina baja tolerancia a la frustración (BTF). Las personas con BTF suelen presentar excesiva sensibilidad y un nivel alto de ansiedad, que produce deficiencias a la hora de afrontar los problemas y falta de resistencia para soportar el sufrimiento y el fracaso. Es por esto que muchos buscan la droga para evadirse, escapar.

Un deportista, y más aún un ciclista, puede sufrir de BTF como cualquier otra persona, pero es menos probable, y explico por qué. Cuando practicas un deporte, especialmente a nivel competitivo, te acostumbras a luchar y a soportar las derrotas, que, como suele decirse, “te hacen más fuerte”. En el caso de un ciclista, la tolerancia a la frustración está superada en la mayoría de los casos porque muchos de los que triunfan siendo juveniles o amateur cuando llegan a profesionales se convierten en gregarios y asumen que van a ganar pocas o ninguna carrera. Soportan perfectamente este tipo de frustración.

No obstante, como en toda regla, hay excepciones, y para ello tenemos los tristes ejemplos del Chaba y Pantani. En estos casos, las drogas que les mataron no eran para mejorar el rendimiento, sino por su historia personal. Se estaban drogando, y eso fue lo que acabó con su vida, al margen de si se dopaban o no. Y si lo hacían, no fueron las sustancias dopantes las que les llevaron a consumir cosas más fuertes, sino sus circunstancias personales.

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Entrenamiento

Si te asusta la Montaña, baja a tierra

Me cuenta la gran cicloturista Amalia Fuster que lo mejor para no asustarnos con la montaña es mirar al suelo. En la QH vamos a ver mucha montaña y lo mejor será hacerle frente con un entrenamiento específico pero sencillo. Los novatos no pueden poner excusas, con estos consejos subir el Marie Blanque se hará duro, pero podremos conseguirlo.

Sólo faltan dos meses para la Quebrantahuesos y ahora es indispensable ponerse serios y afrontar la realidad, las montañas están ahí. Cuatro cumbres como colosos. Si además eres de la llanura manchega aún te impresionará más ver tanta altura a la que hacer frente en bici. Sin embargo, con un poco de paciencia y unos buenos desarrollos todo es posible.

¿COMPACT, TRIPLE PLATO O EL CLÁSICO?
Como siempre, lo primero que hay que hacer es andar mucho en bici. Pedalear durante etapas largas nos ayudará a estar a gusto en la misma posición durante horas y, para qué negarlo, hay que esforzarse un poco más cada salida y hacer entre 160 y 180 kilómetros una vez por semana.
Cuando esto está superado, o al menos asumido, y somos capaces hasta de comer sopa mientras pedaleamos, habrá que analizar bien qué tipo de desarrollos tenemos y ajustar al máximo la combinación para no quedarnos nunca “cortos”. Es el momento de invertir un poco en la bici y añadir alguna corona que nos pueda dar más variables. Será la única garantía para no subir los puertos andando. Si durante nuestras etapas de entrenamiento hemos puesto “todo lo que teníamos” y aún así vamos totalmente atrancados y hemos de plantarnos sobre la bici o hacer eses muy abiertas, es que nos estamos equivocando con los desarrollos. Para los novatos podemos decirlo con un símil: no se puede subir la rampa del garaje con la cuarta marcha del coche.
Es necesario comprobar qué tenemos puesto en la bici. Para resolver este tema basta con contar los piñones del plato pequeño y los de la corona grande. Si contamos más de la combinación 39/25 nos vamos a quedar cortos. Mejorar las variables del cambio de marchas puede hacerse añadiendo un plato, que es la opción más cara porque requiere, en muchas ocasiones, cambiar también la maneta. La segunda posibilidad es colocar un compact, con esto mantenemos dos platos pero uno considerablemente más grande que el otro, por ejemplo 5034 (dependiendo del caso habrá que cambiar las bielas). Por último, y siempre que la rueda lo permita, podemos añadir alguna corona para tener 9, o cambiar la más grande por una aún mayor, aunque los cambios más modernos incluyen 10.

SUBIR A LO GRANDE EN MONTAÑAS PEQUEÑAS
Todos los que preparamos la QH estamos haciendo grandes esfuerzos. Algunos leerán este artículo el domingo por la tarde con fuertes dolores en las piernas, pero otros además hemos tenido que aprender lo que es un puerto “tendido” (que tiene zonas de pendiente muy suave o incluso alguna pequeña bajada), o lo que es “echar el pié a tierra”(andar empujando la bici durante las cuestas más duras). Sin embargo, una vez asumida nuestra inocencia, lo que más puede desmoralizarnos es pensar que no veremos las montañas pirenaicas hasta el día de prueba, por lo que entrenar en nuestro entorno será sólo una pequeña parte de lo que encontraremos.
A pesar de esto, si comenzamos a subir nuestros puertos cercanos con un piñón menos del habitual, y luego con dos piñones menos, el esfuerzo será más parecido al que haremos el 21 de junio. Cuando las montañas que tenemos cerca de casa no tienen mucha pendiente y además las conocemos perfectamente porque las hemos subido cientos de veces, el truco no está sólo en subirlas cada vez más rápido, sino esforzándonos más. Sin llegar a subir con plato grande, poner un piñón mediano nos ayudará el día de la prueba. Por un lado porque al subir el Portalet no nos vendrá a la cabeza la idea de “si las montañas de mi pueblo las subo con este desarrollo, ¿qué me estará pasando?” y por otro lado porque realmente habremos ganado mucha fuerza en las piernas y aunque llevemos el desarrollo más cómodo no nos quedaremos cortos. Subiremos de forma ágil, tal vez los más expertos verán nuestras piernas como pequeños molinillos, pero con cuatro puertos que subir lo importante será avanzar y no cansarse en extremo.
Cuando hagamos etapas largas de montaña e intentemos esforzarnos un poco con desarrollos más duros, debemos tener mucho cuidado con las rodillas. Al primer síntoma de molestia subir un piñón para ir más ágiles o provocaremos sobrecargas. Hay que recordar también estirar siempre después de la etapa. Practicad esto poco a poco y si es necesario subir dos o tres veces un puerto de 10 kilómetros como si hiciéramos series corriendo, manteniendo siempre la velocidad y haciendo igual la primera que la última. Si subimos la primera vez con una media de 20 km/ h pero la siguiente bajamos a 17 y luego a 15 km/h, no servirá de nada. Esto ya lo vamos a experimentar el día de la prueba, pero durante el entrenamiento hay que mantenerse constante. En el último extremo, en la QH podemos llevar los protectores de las calas y andar un poquito por la montaña, pero seguro que esta imagen no le gusta a nadie y para evitarla debemos seguir entrenando.

CONOCER LA PRUEBA CON INFORMACIÓN, NO CON ANÉCDOTAS
Los foros ciclistas están plagados de historietas y anécdotas sobre la Quebrantahuesos, a todos nos emociona contar las sensaciones que tuvimos, lo bonito del paisaje, aquel que llevaba una bici de carbono tope gama e iba el último, esos que iban en un tándem… Todo esto nos da una idea de lo que vamos a disfrutar, pero lo mejor para evitar las sorpresas del recorrido será informarnos bien de todo. La web oficial de la marcha (www.quebrantahuesos.com) explica extensamente los puertos y sus características. También debemos tener en cuenta los controles. Aunque la meta se cierra tras 12 horas y media de la salida, no podemos hacer la primera mitad en tres horas y dormirnos para hacer el resto. Para eso están los controles, que pretenden poner pequeños objetivos y que siempre vayamos con buen ritmo. De poco servirá coronar Somport el primero, si luego llegamos a la Hoz de Jaca el último. Estando informados de los avituallamientos y los controles podremos regular mejor el peso que llevamos encima y las medias que debemos llevar en cada segmento. Aunque no se debe escatimar con la comida y mucho menos con los líquidos, sabiendo que hay agua cada ciertos kilómetros no debemos angustiarnos. Los detalles de la prueba también permiten conocer en qué puntos hay más peligro de caídas, la situación del asfalto y ayuda con el alojamiento.

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Salud

Ciclismo y la salud mental

La práctica del ciclismo produce beneficios en la condición física. Aunque es poco conocido, también permite mejorar el bienestar mental. Incluso en algunos individuos el deporte llega a ser necesario para sentirse razonablemente equilibrados en otoño e invierno.

Llegó noviembre, final de la temporada para muchos ciclistas. Los profesionales cuelgan sus bicicletas, para descansar merecidamente de los 30.000 km. o más que han realizado desde la primavera anterior. Muchos aficionados (con sólo 5000 km.) también imitan esta conducta, desde luego ayudados por el frío y las inclemencias meteorológicas. Hay quien no nota ningún perjuicio en su salud mental por este parón. Pero otros pasan la época más infeliz del año hasta que con el sol primaveral vuelven a pedalear con los amigos de siempre. Espero que este artículo les ayude a entender algunas de las razones y les sugiera ideas para el próximo otoño e invierno. La felicidad que nos produce pedalear tiene muchas explicaciones: el descubrimiento de paisajes y rutas nuevas, el pedalear con personas de tu agrado, tal vez la superación de los retos que uno se ha marcado o ganar competiciones en caso de los mejores. Desde un punto de vista psicológico hay distintos aspectos que merece la pena remarcar: la sensación de libertad, de escapar a la rutina y al estrés son muy beneficiosas. Por otro lado, el aspecto socializador y de reto personal. En cualquier caso, la sensación de control del propio cuerpo, de cuidar de él, de mejorar nuestra autoestima son importantes. Un beneficio poco reconocido es el factor diferenciador que nos da el pertenecer a tal o cual grupo, sea de ciclistas o compañeros de cualquier deporte. También desde un punto de vista biológico hay otros aspectos cada vez mejor conocidos. Todos los lectores saben que el “tono vital” y el sueño cuando se practica nuestro deporte es mucho mejor y están de mejor humor. Probablemente conozcáis alguien que ha tenido que cesar súbitamente de entrenar, ya sea por lesión u otra causa. Quizás vuestro amigo se ha vuelto desganado, irritable, inquieto, a veces deprimido. Sin ir tan lejos, probablemente a algún lector le ha indicado su familia en alguna ocasión “!vete con la bici un rato a ver si te cambia el humor!”. Realmente la felicidad es más un estado de nuestro cerebro que la posesión de los bienes materiales. Pero… ¿qué hace en él cerebro la bicicleta? Lo describiremos basándonos en cuatro aspectos, aunque probablemente haya más.

SECRECIÓN DE ENDORFINAS
Las endorfinas son sustancias naturales que fabricamos durante el esfuerzo físico. Tienen un efecto tan poderoso en nuestro cerebro que son las responsables de nuestro control del dolor, son sustancias opiáceas naturales. Moléculas del placer. Por aquí hay que buscar una explicación de la “dependencia” respecto al deporte. Los deportistas disfrutan de un nivel de endorfinas generosamente más elevado que la población sedentaria. Se consiguen a base de duros esfuerzos, pero proporcionan posteriormente una agradable sensación. Tal vez hayáis sentido al cabo de unos minutos de acabado un esfuerzo físico una sensación de gran bienestar, casi de euforia, aunque no hubiera expectativas de ninguna marca personal: es una vitalidad inexplicable y de la que uno mismo es el primer sorprendido: hay más endorfinas en tu cerebro. La potencia de las endorfinas puede entenderse si se piensa en el efecto tan poderoso de sustancias como la cocaína o de la morfina. ¿Por qué la morfina es una droga y no lo son los otros millones de sustancias que nos rodean? Pues resulta que para estimular nuestras neuronas hace falta que sustancias muy específicas se fijen en sus receptores. Si la morfina y otras sustancias (como las endorfinas o la heroína) hacen diana en estas células ha de ser por su parecido con alguna sustancia cerebral natural. La existencia de estas hipotéticas sustancias cerebrales fue comprobada hace años, siendo bautizadas como “endorfinas” por sus efectos homologables a los de una morfina endógena. Puede parecer inmoral o ilegal, pero nosotros mismos nos fabricamos las drogas que necesitamos en el propio cerebro, presumiblemente para hacer más llevadero el dolor y para sentir sensaciones placenteras. Es frecuente que se noten más las endorfinas en los deportes de resistencia que practicados intensamente producen fatiga, sobre todo si involucran grandes masas musculares. Además, el ciclismo tiene algo especial que permite practicarlo varias horas día tras día, debido a la ausencia de impactos que sometemos a nuestro cuerpo en otros deportes, donde la carga de trabajo debe ser menor.

Con las endorfinas puede producirse una cierta tolerancia: es decir, que el mismo entreno produce cada vez menos efecto, por lo que hay que aumentar el kilometraje o su intensidad. También puede suceder la dependencia: aunque parece increíble, podemos llegar a depender de una sustancia que nosotros mismos fabricamos. Tal vez la frecuencia con la que entrena sabiendo que puede ser contraproducente –por tu estado de salud, por una lesión- sea un argumento para reflexionar si es o no “dependiente” de ellas. Síndrome de abstinencia: la falta de endorfinas (de ejercicio) hace que disfrute menos de su vida. Por cierto, no serviría de nada comer endorfinas (se digieren).

MÁS SEROTONINA: CONDICIÓN DE FELICIDAD
En la época del Prozac, el famoso antidepresivo, mucha gente ha oído hablar de la serotonina, que es uno de los 30 neurotransmisores cerebrales. Al parecer, la serotonina de cierta zona del cerebro regula nuestro estado de ánimo, de manera que a la gente deprimida se la medica para que dicha sustancia aumente.

¿Qué hace el ciclismo?. El tema es complejo, pero se sabe con absoluta certeza que el deporte es un buen antidepresivo así como un buen ansiolítico. El mecanismo de acción, aún no del todo claro, podría ser el siguiente: para fabricar la serotonina el cerebro usa el aminoácido más raro de la dieta, el triptófano. En la sangre hay serotonina, pero la barrera que protege al cerebro no la deja entrar, de manera que el cerebro ha de importar directamente la ‘materia prima’, el triptófano, para fabricar en su interior la serotonina, el neurotransmisor del bienestar. Ahí es donde interviene la bicicleta, pues, como veremos, nos permite entrar más triptófano al cerebro que a las personas sedentarias. La razón es que la barrera que protege al cerebro tiene una especie de puestos fronterizos para dejar entrar los aminoácidos, y el triptófano tiene que competir con otros aminoácidos más, con el resultado de que el triptófano entra con dificultad, y probablemente en unas persona más lentamente que en otras (tal vez una parte de las que siempre están de buen o mal humor se deba a ello). Muchos lectores recordaran que cuando practicamos un deporte de resistencia, como el ciclismo, los músculos llegan a consumir algunos aminoácidos de nuestras proteínas musculares y de la sangre. Por suerte. el triptófano no les gusta apenas como alimento a los músculos, pero en cambio los aminoácidos preferidos por la musculatura son los ‘rivales’ del triptófano para entrar en el cerebro, que de esta manera son eliminados en gran cantidad de la sangre. El resultado es que después de un largo esfuerzo en bici el triptófano, sin tanto competidor, entra con más facilidad en tu cerebro y fabricará más serotonina, el antidepresivo natural con el que lo obsequias en cada salida larga.

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Salud

Factores psicológicos que afectan a las lesiones y caídas

Cualquier persona que practique deporte con regularidad sabe lo que es una lesión, y cualquier cicloturista lo que es una caída. Pero no a todos nos afecta por igual la llamada “mala suerte”, pues unos deportistas tienen más tendencia a lesionarse y a caerse que otros. Seguro que muchos de vosotros recordáis casos de algún que otro futbolista muy famoso que salía de una lesión para entrar en otra y se tiraba la temporada en blanco, para desesperación de los aficionados de su equipo. Pero también podemos recordar extensas vidas deportivas sin apenas una lesión. ¿Realmente es suerte? ¿Unos nacen con un organismo muy fuerte y otros con uno mucho más débil? ¿El destino elige a quién quiere hacer sufrir y a quién no? Es evidente que nuestra dotación genética tiene mucho que ver con la capacidad para tener una lesión y para recuperarse de ella, pero es sólo una parte. Nuestra mente, como en casi todo, también cuenta.

El estrés, ese padecimiento tan común en la vida moderna, también es el principal factor de riesgo de sufrir una lesión. Es fácil entender que un estado de tensión mantenida nos haga más vulnerables, y, además, que estando un poco nerviosos tengamos más probabilidad de irnos al suelo. Veamos las causas en detalle.
– El estrés lleva consigo consecuencias puramente fisiológicas y biológicas: los músculos están rígidos y es más fácil que sufran una rotura de fibras o una contractura. La coordinación motora se ve asimismo perjudicada, ya que nos movemos peor, con menos flexibilidad. Por otro lado, el despliegue de defensas que evoca ese estado de alerta constante debilita el sistema inmunitario.
– Provoca un enfoque selectivo de la atención, la llamada “visión de túnel”: el deportista que está muy tenso queda pendiente de unos pocos estímulos y deja de lado otros que pueden ser vitales para evitar la lesión. Por ejemplo, puedes estar tan preocupado por seguir la rueda de un grupo en una marcha que no te das cuenta de que fuerzas más de la cuenta y que tus rodillas o músculos pueden pagarlo después. Lo mismo ocurre si no se vigila por donde uno circula: ojo al bache.
– Cuando el estrés se mantiene, el organismo se agota y de nuevo tiene efectos en la atención. Estamos tan cansados que no atendemos a cómo vamos en la bicicleta: ya no sabemos ni cómo dar pedales y podemos sobrecargar una pierna más que otra, la espalda, cuello, etc. (y meternos en la gravilla y… al suelo).
– Un nivel de estrés muy elevado puede llevar a la agresividad: la respuesta de tensión es debida a la percepción de una amenaza, y al intentar luchar contra la misma nos podemos ver desbordados, descontrolados y exponiéndonos a las lesiones, y, por supuesto, a las caídas. Es el caso de la gente que se arriesga adelantando y cortando a los demás en el descenso de un puerto para recuperar el tiempo perdido en la subida.
– Si el estrés no viene producido por la propia práctica deportiva, sino que realizamos ésta como válvula de escape a problemas personales y/o laborales, es posible que nos “pasemos de rosca” forzando más de la cuenta, aumentando el riesgo de lesión por sobreesfuerzo.

PERSONALIDAD Y CIRCUNSTANCIAS
Las situaciones de estrés son inevitables, pero cada cual las enfrenta de forma diferente. Es en el llamado estilo de afrontamiento de cada persona donde observamos las diferencias a la hora de padecer lesiones o sufrir caídas. Quien es capaz de detectar y combatir ese estrés tendrá menos posibilidad de lesionarse o dar con sus huesos en el asfalto. Otro factor muy importante es el apoyo social. Diferentes estudios realizados al respecto de su influencia en la vulnerabilidad a las lesiones (p.ej. Smith et al., 1990) demuestran, no obstante, que sólo es positivo si coincide con habilidades de afrontamiento. Es decir, tienes menos probabilidad de lesionarte si le plantas cara al estrés y te sientes apoyado por tu entorno (amigos, compañeros, familia). En la alta competición, existen multitud de situaciones llamadas “potencialmente estresantes” que por sí mismas, independientemente de la personalidad de quien esté expuesto a ellas, suscitan nerviosismo. Los viajes, la disciplina, separarse de la familia, citas deportivas importantes… a todo ello se tiene que acostumbrar cualquier deportista de élite si quiere sobrevivir en este mundillo. Pero este tipo de situaciones no sólo se dan entre profesionales; en el deporte entendido como ocio también se dan, por ejemplo:
– Si sientes que estás sacrificando el tiempo que normalmente dedicas a tu familia y/o amigos. A mucha gente le puede suponer una pérdida de recompensa el no poder compartir esas horas con gente cercana, y un castigo: sentirse culpable por dejarlos de lado.
– Si para poder practicar deporte tienes que hacer “malabarismos” en tu horario laboral, el estrés te está acechando: ir al gimnasio en la hora de la comida, cenar cualquier cosa y hacer rodillo en lugar de sentarte a la mesa, sacrificar horas de sueño los fines de semana para levantarte pronto e ir a dar pedales…
– Si eres de los que “se pica” y en cada salida del club estás pendiente de los “gallitos” para “darles caña”.
– Si te estás preparando para algún reto: marcha, ciclomaratón, etc. y tienes que entrenar mucho y muy a conciencia para conseguirlo. Cuando quizá no dispongas del tiempo suficiente o te surja algún imprevisto que te impida cumplir tu plan previsto.
– Si pasas por algún lugar donde te has caído una vez, o notas un pequeño dolor en la zona que ya sufrió una lesión de la que te costó mucho recuperarte.
– Cualquier otra situación, fuera del ámbito deportivo, muy preocupante: divorcio, pérdida del empleo, discusiones familiares…

CÓMO CONTROLAR EL ESTRES PREVIO A UNA LESIÓN
Acabamos de ver que tanto lo personal (personalidad y apoyo social) como lo circunstancial influyen en la aparición de lesiones. La forma de regular el estrés, es, precisamente, controlar ambos aspectos. Al respecto de los factores personales, podemos adquirir y entrenar habilidades de afrontamiento de la siguiente forma:
– Observarse a uno mismo y tomar nota de cuándo nos ponemos nerviosos y por qué. El simple hecho de escribirlo nos va a quitar mucha tensión de encima, y nos va a servir para identificar cuándo estamos tensos. Una vez detectada la causa de nuestro estrés, podemos hacerle frente.
– Plantearse posibles estrategias para combatir el estrés: parada de pensamiento, relajación, distracción (p. ej. contar hacia atrás). Un psicólogo del deporte, asimismo, puede entrenar a un deportista en la adquisición de habilidades de afrontamiento mediante la práctica en imaginación, una técnica muy efectiva que consiste básicamente en ensayar mentalmente las estrategias para hacer frente al estrés.
– Evaluando cómo nos influye el apoyo social: como hemos señalado más arriba, éste es beneficioso siempre y cuando tengas habilidades de afrontamiento. En ausencia de ellas, por el contrario, puede, en algunas personas, aumentar el nivel de estrés, con lo cual resulta más contraproducente. Es decir, si te sientes apoyado socialmente pero no te ves con la capacidad suficiente para encarar una situación difícil, lo vas a pasar mucho peor que si no tienes a nadie detrás pendiente de ti. Es preferible bajar el listón que darte con él en la cabeza.
– Realizando un análisis objetivo de nuestro rendimiento deportivo, con perspectiva, evitando las “montañas rusas”: sentirnos de repente dueños del mundo y al momento siguiente el último mono sólo porque hemos cogido una pájara tras muchos meses de andar a buen nivel. Es posible que dicha pájara se deba a factores ajenos al deporte, o que nos hemos “comido la cabeza” al ver que no íbamos, con lo cual aumentó el nivel de estrés y bajó el nivel deportivo. No quedarnos en una única causa y darla por buena, buscar explicaciones alternativas.
– En definitiva, aprender a detectar y controlar el estrés, desarrollando un estilo de afrontamiento positivo.